[CRÓNICA] Alien Sex Fiend en KGB

La legendaria formación capitaneada por el matrimonio de culto Nik Fiend y Mrs. Fiend aterrizaban el pasado mayo para llenar de húmeda neblina y death rock tres salas de nuestra geografía. El día 24 asistimos a su concierto en la barcelonesa KGB, en el que desataron la locura entre un público devoto de la mano de clásicos que marcaron una época e inspiraron innumerables corrientes musicales, del EBM al gótico electrónico.Con una tétrica puesta en escena en la que no faltaron ni las telarañas ni los maniquíes mutilados, Mrs. Fiend salía a la palestra para colocarse tras los comandos de esta nave espacial de ruidos paranormales que son Alien Sex Fiend: sintetizadores, cajas de ritmos y teclados, que la señora Fiend manejó taciturna con la tajante precisión de un verdugo. Su marido aparecía al poco de entre las penumbras luciendo un alzacuellos, con su porte cadavérico y blanquecino, y espetando al público sus letras escritas en ¿sangre? en un libro ajado, hecho a mano. La tormenta de ritmos sincopados con un pie en el death rock y otro en el industrial electrónico,  llenaron de sólidos argumentos las excelentes composiciones que han servido de banda sonora a generaciones.

Empezaron fuertes y no bajaron la frecuencia en las algo más de dos horas de concierto: temas míticos como “In and Out of My Mind”, “E.S.T. (Trip to The Moon)” y la enorme “Ignore the Machine” configuraron la tríada perfecta que empujó al público al borde del síncope poco después de empezar el show. Y menudo show; la agresividad que subyace en el carácter de la banda se volvió literal cuando Nik Fiend de repente se cabreó y asestó un puñetazo en plena cara un fan. “¡Hijo de puta!”, aulló “¡No insultes a mi puta mujer!” Y mientras se arrancaba la camisa enfurecido, añadió: “¡No somos una puta banda normal, no nos des por el culo!

Ni con esas se rompió el hechizo de magia negra que los Sex Fiend habían lanzado esa noche, y siguieron desgranando magníficos hits de ultratumba, como el “I Walked the Line” y el estremecedor “Now I’m Feeling Zombified”, durante el cual calaveras, tibias y ratas devoradas fueron lanzadas al público – no sin antes ser vilmente refregadas contra los genitales del delirante frontman.

Dólares arrugados y mensajes de “Obedece” se entremezclaron con la crítica antisistema, antes de que la locura poguera se desatara con “R.I.P – Blue Crumb Truck”, que trajo consigo una inexplicable banana gigante hinchable que surcó la sala y se perdió en medio de la enajenación general. Ese hubiese sido el punto final de una noche arrolladora, sino fuera por el último bis, que se hizo de rogar. Entre ruido de helicópteros, y con Nik ataviado con un sombrero de copa como el loco de Alícia en el País de las Maravillas, la banda regresó a escena ante el fervor del público, para acabar de una vez por todas con nuestros últimos resquicios de cordura con una rendición alucinante de la ultra bailable pieza psychobilly “Boneshaker Baby”.

Por Mia Palau. Texto originalmente publicado en la revista Popular 1.

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