Primavera Sound 2011

A finales de mayo, y como cada año desde hace 11, el escaparate de músicas que es el Primavera Sound trajo de vuelta su invasión indie a varios puntos clave de la ciudad condal para desplegar otra vez más una multitud de interesantes apuestas y propuestas indispensables. A pesar de ser un festival que presume de no tener cabezas de cartel —presentando a los artistas por ecuánime orden alfabético—, era indebatible el fulgor de algunos de los astros que pisaron los escenarios del Fòrum y del Poble Espanyol, tal como PJ Harvey, Nick Cave y sus Grinderman, The Flaming Lips, Pulp, Sufjan Stevens y Echo & the Bunnymen, por mencionar solo a algunos.

La undécima fue una edición de novedades: el Primavera estrenó hectáreas y nuevo escenario (el Llevant), y reubicó Pitchfork, Jägermeister VICE y la zona de restauración para facilitar la movilidad por el interior del festival y evitar posibles aglomeraciones. A pesar de todo, éstas no se hicieron esperar: la cifra récord  de asistencia con la que se saldó el festival este año fue de 120.000 personas. Otro récord: la friolera de 148 artistas pasaron por los escenarios del enclave barcelonés, siendo así el cartel más extenso hasta la fecha, y las entradas para los conciertos en el Auditorio pasaron a ser sorteadas entre miles de reservas online. Además, se implantó una tarjeta monedero como única forma de pago, lo cual resultó un fiasco absoluto (y un chiste) al caer el sistema informático y no poder facturar ni una triste cerveza en metálico hasta bien entrada la tarde-noche del jueves 26.

La velada del miércoles 25 dio un atropellado pistoletazo de salida queriendo llevar al festival de vuelta a sus orígenes al Poble Espanyol, pero quedó inaugurada entre las colas kilométricas y una asistencia apabullante para un recinto de un aforo muy limitado para la ocasión, que dejó a fuera a más de tres cuartos del público ansioso por ver a la revelación costaricense del noise pop de baja fidelidad, Las Robertas, la clásica formación de pop oscuro Echo & the Bunnymen y las gélidas disonancias electrónicas de Caribou. Está claro que el tipo que se refirió al festival como de música para grandes minorías tenía más razón que un santo.

SUFJAN STEVENS

Una de las actuaciones más jugosas y trabajadas de la muestra fue de la mano del cantautor Sufjan Stevens, en el Auditorio, el jueves 26. Extraño y adorable al mismo tiempo, Sufjan recordaba al Beck  noventero en plena eclosión de excentricidad. Los primeros acordes de The One I Love acompañados por fulgurantes copos de nieve en 3D llenaron la sala, tras lo cual Sufjan anunció que esta noche él sería el comandante de la gran nave espacial en que había convirtido el Auditorio, y que a pesar de que él normalmente toca folk, hoy tocaría pop intergaláctico. Todo eso, luciendo un atudendo con tiras flúor de colores y unas alas de arcángel que se calzó para la ocasión. Sufjan Stevens, acompañado por un pelotón de músicos y dos coristas, hizo un despliegue de psicodelia naíf durante dos horas en el que fue un concierto maravilloso e imprescindible. Láseres, efectos especiales, globos gigantes, trajes fosforescentes y video proyecciones 3D pusieron la guinda a un espectáculo muy cuidado con una escenografía brutal en el que el músico estadounidense insufló vida a su último trabajo, el bizarro “The Age of Adz”, en detrimento de sus temas folk fetiche, como “Chicago” o “To Be Alone With You”, lo cual pareció molestar a algunos de sus fans, pero que sin embargo enamoró por inconvencional y por no caer en lo facilón y en lo previsible.

P.I.L.

Liderados por el Sex Pistol John Lydon (a.k.a. Johnny Rotten) Public Image Limited trajeron el show de punk más cáustico y musculoso de la muestra barcelonesa en el que repasaron algunos de los mayores éxitos de su trayectoria, como el corrosivo “This Is Not A Love Song”, con el que bombardearon el festival al poco de empezar el concierto, así como con el descomunal “Religion” y la visceral interpretación de “Home”. Lydon se emocionó durante la interpretación de “Death Disco”, una canción dedicada a su madre en estado terminal, y entre convulsiones, escupitajos y aullidos a la luna, la crudeza de “Poptones” nos recordó que ésta va a ser su auténtica herencia. Porque todo hay que decirlo: John Lyndon es una figura controvertida y polarizante, visionario punk para algunos y caradura para otros (un minuto de silencio por la vergüenza ajena causada  por la  escuálida reunión de los Sex Pistols en el 2008, gracias), pero es indiscutible que Lydon está produciendo su mejor y más robusto trabajo bajo el amparo de P.I.L. Acompañado por los virtuosos Lu Edmond, Bruce Smith y Scott Firth, la presencia de Lydon en el escenario, con su encrespada cresta rubio platino y ataviado con una trinchera Burberry, es desafiante y su voz, tan cortante y adusta como una hoja de afeitar. “¡Hostia puta, que somos P.I.L!”, increpó severamente a la masa pasiva “¡somos vuestros únicos amigos en la industria musical!”, arrancando así vítores entusiamados y tras lo cual se aventuró en una odisea de sudor y cerveza en la que el público enloqueció y se desgañitó con temas como “Flowers of Romance” y “Albatross” a la merced de la tromba post-punk de la banda británica, incisivos como tachuelas.

 GRINDERMAN

Nick Cave es un dandy vestido con traje negro, largo y escalofriante como un aullido en la noche y con una agilidad taimada en el escenario, que asaltó junto a su cuadrilla, sus Grinderman, tomándonos a todos como rehenes. La tensión flotaba en el ambiente. Poseído en su papel de predicador, Nick Cave se mostró desafiante y sexual, precipitándose sobre los asistentes, encajando manos y dejándose palpar por las féminas. Abordaron el escenario principal con la energía brutal y rabiosa de un perro salvaje, y nos adentramos en el lodazal de riffs obsesivos y aullidos ferales a punta de pistola, empezando con un implacable “Mickey Mouse and the Goodbye Man”, de su último trabajo, seguido de los endemoniados “Worm Tamer” y “Get it On”. La oscura melodía de  “Heathen Child” parecía conjurar aquelarres, y los gritos del señor Cave contrastaban con sus murmullos lascivos en temas como “I Want You”, y el libidinoso “Kitchenette”, en el que el barbudo de Warren Ellis tocaba las maracas mientras Cave espetaba al público “I’m just trying to relax!!!”. La feroz apisonadora que son Cave y su selecta banda de Bad Seeds arrolló al multitudinario público con cortes de sus dos álbumes de blues rock indecente como “When My Baby Comes”, “Honey Bee (Let’s Fly to Mars)” y “No Pussy Blues”, temas de un fervor sexual urgente y agresivo. Sin lugar a dudas, esta fue una de las mejores actuaciones del festival, un gancho directo al estómago, concluyendo con una orden clara y directa del imponente frontman: “Suicide son los putos amos. Id a verlos ya”, que repitió a mitad de su último tema, “Love Bomb”, tras el cual se despidió de Barcelona y nos abandonó temblando y en pleno síndrome de Estocolmo.

PJ HARVEY

La lección de elegancia vino de la mano de la señorita Polly Jean Harvey, que vino a defender su directo aún y solaparse con la final de la Champions, que se retransmitía paralelamente en una pantalla gigante en el escenario de Llevant. Aun con todo, la música ganó el pulso al fútbol para el protagonismo, y la programación de la diva británica no pareció verse afectada negativamente: la expectación frente al escenario principal incluso horas antes fue rotunda.

Con un look etéreo, toda de blanco, a medio camino entre una divinidad griega y un hada agreste, con un tocado de plumas y delicadamente teniendo un harpa, PJ Harvey saludó al público con una expresión contenida y templada que solo irradiaba calma. Pero tras la calma viene la tormenta, y así fue cuando la que escribiera grandes canciones como el “Down By The Water” empezó a desplegar tema tras tema su trabajo más reciente, “Let England Shake”, un compendio de nubarrones oscuros y tempestuosos dirigidos a su enieblada patria, con su voz de sirena, tan robusta como delicada es su menuda figura.

Abrió con la premonitoria “Let England Shake” y continuó con la escalofriante “The Words That Maketh Murder”, con una ejecución magistral y una sobriedad fría que nos hizo imposible no trazar paralelismos de la británica con la también fantástica Björk. Principalmente se escucharon temas que hablaban de la muerte y la destrucción de su país natal, como la marcial “The Glorious Land”, aunque sí hubieron concesiones a otros álbumes y guiños al pasado, como la coreadísima “Down by the Water” y “Big Exit”.

Lejos quedan los conciertos más sleazy de la musa inglesa, faceta que será probablemente recordada por muchos por el concierto en que lució el famoso mini-vestido amarillo, que ahora cambia por la fría precisión y sobriedad hipnótica que nos mantuvo en vilo durante la hora y cuarto que duró un concierto dónde todos y cada uno de los temas fueron un triunfo.

Tx: Mia Palau

Este artículo fue originalmente publicado en la revista Popular1.

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