ENTREVISTA: BAND OF HORSES ABARCAN EL INFINITO

Por Mia Palau

Son las cinco y media de la tarde, y un inusitado ajetreo estremece los estilizados cimientos carmesí de la barcelonesa sala Apolo. Una decena de técnicos trabajan tenazmente desenrollando cables, transportando guitarras, empujando misteriosas cajas blindadas, colocando vallas de seguridad frente al escenario. Hace varias semanas que se vendió la última entrada para el espectáculo de esta noche y la expectación y la urgencia ya empiezan a ser latentes, incluso a estas horas.

Atravesando el bullicio, me dirijo a la terraza contigua al escenario principal, dónde Creighton Barrett, batería y segundo miembro de más longevidad de la formación norteamericana Band of Horses, se acerca a saludarme casualmente montado en su skate. La humildad y autocrítica implacable que exhiben como grupo, en general –y Creighton, en particular– podrían ser rayanas a lo enervante, pero como su música, su presencia es tranquila, cálida y entrañable. Alzándose como uno de los grupos de indie rock más importantes y sustanciales del momento, se me hace extraño oír en entrevistas como su líder, el excéntrico Ben Bridwell, se refiere incansablemente a sus letras como insulsas y tontas y a su limitada capacidad musical. Algo similar pasa con Barrett. Tengo la oportunidad de sentarme con él para conversar sobre su último disco “Infinite Arms”, el estado de la industria musical, cine, y el creciente éxito del que están disfrutando, y aún así la timidez y la llaneza, y un sentido del humor campechano, permean sus intervenciones.

Mia: ¡Qué tabla más chula!

Creighton: Pues no es mía, me la han prestado. Es que hay una mini rampa justo ahí detrás que me gustaría patinar.

Mia: ¿La habéis traído vosotros?

Creighton: No, qué va. Pero me gustaría montarla.

Mia: Bueno, pues ¡bienvenidos a Barcelona!

Creighton: Gracias, es la segunda vez que estamos aquí. Tocamos en el Primavera [Sound] creo que hace tres años, y nos lo pasamos en grande, aunque tuvimos algunos problemas técnicos en el escenario. Pero lo pasamos muy bien, es un gran festival.

Mia: Justo acabáis de terminar una serie de shows en el Reino Unido. ¿Qué tal han ido?

Creighton: Pues súper bien, tía. En el Reino Unido… pasas frío, ya se sabe, sobretodo ahora en invierno. Pero estuvo genial. Aunque también ya teníamos ganas de tocar en el resto de Europa, porque en el Reino Unido parece que todos los conciertos preceden a un show enorme en Londres, que es tan importantísimo que cada vez que tocamos ahí vamos a muerte.

Mia: Regresáis para Londres ahora pronto,  ¿no?

Creighton: Sí, volvemos para telonear a los Foo Fighters en la entrega de premios de los NME Awards, lo cual será una locura. Cuando terminamos el último concierto en Londres, que fue increíble, pensamos: “Venga, ahora a por el resto de Europa”. En el Reino Unido hay tal cantidad de buena música siempre, que es fácil que la gente esté de vuelta de todo, y tienes que esforzarte mucho más. Pero cada vez que tocamos allí la respuesta del público es mejor, así que no podemos pedir nada más…

Mia: Supongo que debe ser muy diferente tocar en Europa que en los Estados Unidos.

Creighton: Sí, claro. ¡En Europa normalmente pasamos bastante más tiempo en el bus! [risas] Es porque normalmente no sabemos muy bien qué se cuece en cada sitio; no tenemos una guía turística o nada por el estilo. En los Estados Unidos… bueno, es que allí estamos en casa… ¡lo cual tampoco significa que no haya sitios espantosos! [risas]

Pero aparte de la evidente barrera lingüística (yo que sé, para encontrar dónde comer, o gente que hable inglés), en el fondo tocar en ambos sitios es más o menos lo mismo. Siempre intentamos montar un buen espectáculo y que la gente lo disfrute. Pero sí es cierto que cuando venimos a Europa nos da la sensación de que venimos con un objetivo más claro… ganarnos al público europeo o hacer que se interesen por nuestra música. Es como una misión, supongo, mientras que en los Estados Unidos la gente viene a nuestros shows a  tajarse y pasarlo en grande.

Mia: Aquí en Europa la gente os tiene mucho cariño, sobre todo en Escandinavia, que parece tener un vínculo especial con Band of Horses.

Creighton: Sí, es una pasada.

Mia: He oído que tocasteis en una boda en Noruega hace poco.

Creighton: Sí, en Tromsø, casi en el círculo polar Ártico. Una pasada.

Mia: ¿Cómo ocurrió? ¡Tocad en mi boda!

Creighton: ¡Claro, claro! [risas] Teníamos que ir para allá de todas formas para tocar en un festival, y una pareja que se habían comprometido para casarse en uno de nuestros conciertos en Oslo, resulta que celebraban su boda el mismo día que íbamos a estar allí, y nos pidieron si podríamos hacerlo… yo no toqué, pero Ben [Bridwell], Ryan [Monroe] y Tyler [Ramsey] salieron todos a cantar.

Mia: Tú te quedaste en un lado, emocionado.

Creighton: Sí, sí, exactamente, ¡llorando! ¡Búu, búu! [risas] Pero sí, fue un momento muy dulce. Escandinavia nos ha seguido desde el mismo momento en que empezamos. Para que te hagas una idea, el primer viaje que hicimos a Europa fue con destino a Oslo.

Mia: Por cierto, enhorabuena; os acaban de nominar para un Grammy al mejor disco de música alternativa por vuestro último álbum [“Infinite Arms”, 2010]. ¿Qué se siente?

Creighton: Es… alucinante. Sí, es que no podemos pedir nada más. Ninguno de nosotros realmente esperamos ganar, pero el simple hecho de que nos nominen es maravilloso. Es una de las cosas más fenomenales que te pueden pasar como músico o como banda.

Mia: Me da la sensación de que con bandas como la vuestra, o incluso Deerhunter, Animal Collective o Sufjan Stevens, el paladar colectivo de la cultura para masas está empezando a cambiar poco a poco. ¿Qué opinas de esto?

Creighton: Estoy totalmente de acuerdo contigo, y me parece súper raro que haya gente que mantenga que nada nunca cambia en el mundo de la música. Supongo que siempre habrá gente que suelte cosas así, pero cada día me paro a pensar en cómo se está transformando todo… Por ejemplo, estoy seguro de que hay personas a las que un tiempo atrás no les hubiese gustado Deerhunter, y ahora les encanta. El tipo de música que hacen es, para mí, asombrosa; y que ésta empiece a formar parte del mainstream creo que dice mucho del público en general. Está más abierto de miras. Y Animal Collective es también un gran ejemplo. Su sonido es muy diferente, y a la gente le encanta sus armonías y demás. Yo personalmente nunca les habría llegado a descubrir a si no fuera porque se están dando a conocer. ¡Es fantástico!

Mia: Sí, es genial. Supongo que la cara más oscura de la misma moneda son cosas como por ejemplo lo que leí el otro día: los tres artistas más votados en Twitter son Justin Bieber, Britney Spears, y ahora no me acuerdo del tercero… supongo que alguien igual…

Creighton: ¿… igual de malo? [risas]

Mia: Sí. [risas]

Creighton: Este tipo de música pop siempre existirá. Cumple su función, supongo. Parece que es algo que tiene más relación con generaciones más jóvenes; no conozco a nadie de mi edad (tengo 32 años) que escuche a Justin Bieber. [risas] ¿Te imaginas? “¡Ah, yo el domingo por la noche me siento un rato, ceno y escucho el disco de Justin Bieber!”, así que… Quizás es algo bueno, no lo sé. A lo mejor su música mola un montón, [risas] la verdad es que nunca le he escuchado.

Mia: Yo creo que tampoco [risas]. Band of Horses estáis disfrutando de un gran éxito. ¿Cómo se siente? ¿Es algo que os incomoda o recibís la fama con los brazos abiertos?

Creighton: ¡Estamos encantados! Lo único que realmente ha cambiado es que ahora tocamos en sitios más grandes, lo cual está muy bien hasta cierto punto. Algunas veces, después de tocar en un recinto enorme, en el que tienes que llevarte más material, y más gente viaja en la gira contigo, y hay mucho más trabajo… a veces deseas poder volver a tocar en un simple club de rock. Anoche estuvimos en Madrid, dónde habíamos actuado al empezar nuestra carrera, y añoras el poder montar un espectáculo de rock más íntimo. Creo que es lo único que realmente cambia con la fama… también que nos vamos haciendo mayores en este contexto (Ben ya tiene dos hijos), ya no somos unos jovencitos.

Mia: Hüsker Dü y The Replacements fueron algunas de las influencias para el nuevo disco.

Creighton: Sí, ¡siempre!

Mia: Parece que os habéis sentido muy atraídos por el Medio Este Americano y su sonido.

Creighton: Sí, Ben estaba por esa zona. Ben estuvo viviendo en Minneapolis cuando él y su mujer, que es de allí, estaban esperando el nacimiento de su primer hijo. Los dos se trasladaron a Minneapolis para poder estar con familia. Así que muchas de las canciones que Ben escribió, fueron concebidas en el invierno de Minnesota, que es muy, muy frío… como -25ºC. Durante el invierno lo único que puedes hacer es quedarte en casa, lo cual lleva a aislarte y escribir, así que tiene su lado positivo.

Mia: Cuando escribisteis este álbum, todos los miembros de Band of Horses vivíais en diferentes ciudades, en diferentes partes del país. ¿Cómo lo hicisteis, especialmente si tenemos en cuenta que este es uno de los esfuerzos más colaborativos de la banda?

Creighton: Bueno, gran parte de ello fue gracias a la tecnología. El hecho de tener Garage Band y poder enviarnos cosas por Internet fue de gran ayuda. Pero también aprendimos que las ideas y las demos que nos estábamos mandando entre nosotros no estaban grabadas a fuego, así que cuando finalmente nos juntamos para tocarlas a veces debíamos modificarlas para insuflarles vida. Tardamos mucho tiempo en terminar este disco por varios motivos, como que no sentíamos que las canciones estaban listas porque no las habíamos llegado a ensayar mucho o incluso terminado de escribirlas. La mayoría de los temas se terminaron en el estudio, aunque había algunos que ya los habíamos estrenado en directo.

Mia: A lo mejor no te apetece contestar esta pregunta, pero la alineación del grupo ha ido cambiando incesantemente desde que Ben lo iniciara en 2004. Tú eres el segundo miembro con más antigüedad de la banda después de Ben. ¿A qué se han debido tantos cambios de personal?

Creighton: Bueno, distinta gente va pasando por una banda hasta que se consigue la combinación que mejor funciona. Es puro ensayo y error, y mucha gente de la que tocó con nosotros al final resultó no encajar. No llevamos una vida fácil, y a muchas personas no les gusta vivir en la carretera. Y normalmente, cuando pasas tanto tiempo en la carretera como nosotros, hay ciertas facetas que salen a relucir. Lo que queríamos era tener la química adecuada y los miembros adecuados, y afortunadamente hemos tenido ambas durante los últimos cuatro años, así que ahora somos un grupo de verdad.

Mia: ¿Quizás es por eso que Ben afirmó que este es el primer álbum de Band of Horses? Le dieron bastante la lata por decir eso…

Creighton: Claro, sí. Pero es que realmente ahora somos un grupo y el disco ha sido producto de un esfuerzo de todos. Una vez reunimos a todos los miembros adecuados, resultó que además estos miembros (Bill y Tyler y Ryan) son unos compositores fantásticos, que ya se dedicaban a ello antes de formar parte de Band of Horses, así que ya dominaban la técnica de antes. En el momento en que todos aprendimos a tocar todos los temas juntos, la puerta para aportar temas nuevos quedó abierta. Bill no sólo es un compositor estupendo sino que también es productor, por lo que terminamos produciendo la mayor parte del disco nosotros mismos, en plan: “Joder, pero si Bill es la caña, ¡no necesitamos a nadie más!”. Así que nada, nos tiramos de cabeza y terminamos pasándolo genial en el estudio, sobretodo porque al no tener discográfica nadie nos metía prisa. Acabamos invirtiendo a lo mejor demasiado tiempo, pero nosotros somos nuestros críticos más duros, lo cual es tanto bueno como malo.

Mia: ¿No llegasteis a estar bastante cerca de la ruina por invertir tanto tiempo?

Creighton: No, no llegamos a tanto. Creo que es el tipo de cosa que la prensa suele hinchar, en plan: “¡Por dios, mira qué fuerte! Estaban comiendo de la basura…” [risas]

Mia: ¡…sin techo!

Creighton: [risas] ¡Ya! “Tuvieron que buscarse trabajo…”, ya sabes, este tipo de cosa. Pero nunca llegó a ser tan terrible. Por suerte somos lo suficientemente… populares, o lo que sea, como para aún ganar dinero tocando. Así que salíamos, tocábamos, ganábamos algo de dinero y volvíamos al estudio. Las cosas no fueron tan mal como lo pintan…

Mia: Estamos todo el rato hablando de este “nuevo” álbum, pero algunas de las canciones fueron escritas hace dos y tres años. ¿Crees que el disco se ha ido solidificando ahora que lo lleváis tocando en directo desde hace algún tiempo?

Creighton: Absolutamente. Como banda, y viviendo en ciudades diferentes, no tenemos muchas oportunidades para juntarnos y simplemente tocar, así que una vez estás en el escenario debes concentrarte en que el espectáculo en directo sea bueno. Nuestra mayor preocupación era del palo: “¡Tenemos que hacer nuestro directo sea la hostia!”. Es lo que nos pasaba por la cabeza, pero a medida que va pasando el tiempo, nos hemos acostumbrado a tocar los unos con los otros, y ahora nos resulta más fácil.

Mia: ¿Hay algún tema que no tocáis en directo?

Creighton: ¡Sí! Un montón, siempre. Pero es porque hay material que no funciona bien en vivo. De hecho, justo estábamos bromeando sobre esto anoche; decíamos que dentro de tres años, miraremos todos los temas que no tocamos de este disco y será en plan: “¡Guau! ¿Por qué nunca tocábamos estos?”. En ese sentido, muchas tienen que madurar para poder ofrecerlas como dios manda. A lo mejor te puedes pasar todo el día tratando de hacer una rendición de una canción, y simplemente no acaba de salir como esperas, así que lo que no puedes hacer es tocarla en directo y arruinarla. Se queda en el sótano un tiempo más.

Mia: Sería interesante que hicierais un show sólo de temas que nunca tocáis.

Creighton: ¡Lo hemos hecho! [risas] Sí que lo intentamos…

Mia: ¿Y qué tal fue?

Creighton: Nunca sale tan mal como pensamos, pero tampoco tan bien como queremos, ¿sabes?

Mia: ¿Es cierto que Ben se lleva diez guitarras desafinadas para poder tocar ciertas canciones?

Creighton: Ahora ya no es tan exagerado como antes, eso seguro. Cuando empezamos era descojonante, porque todos tocábamos y girábamos con grupos distintos, así que la primera vez que tuvimos un técnico de guitarra fue para nuestro primer viaje a Europa. Y es que lo necesitábamos, porque Ben realmente no sabía tocar la guitarra, así que había un puñado de canciones del primer disco, especialmente, que requerían unos afinamientos rarísimos, lo cual es una pasada pero igualmente una locura. Así que tuvimos que contratar a Trevor, el técnico de guitarra, para que se viniera de gira con nosotros. Porque, en serio, teníamos diez guitarras con afinamientos diferentes. [risas] Acojonante. Pero ahora lo lleva mucho mejor…

Mia: ¿Ahora sólo se lleva cinco?

Creighton: ¡Sí, exacto! [risas] No, de hecho necesita algunas más, todavía, pero tener a Bill, Tyler y Ryan en el grupo también ayuda mucho. Ben y yo no procedemos de una escuela de música, a diferencia de los demás, que son todos músicos formados. Ben y yo somos los chavales punkis que se pasaron al indie rock y todo el rollo. Ayuda mucho tener a alguien que te diga: “Eso que tienes ahí es un Si bemol” y cosas así. De todos modos no es tan exagerado como antes, aunque sí hubo un tiempo que era la risa, con una guitarra por canción, ¿te imaginas? ¡Al final no teníamos suficientes guitarras para tocar un set de veinte canciones!

Mia: Parece un estilo de composición interesante.

Creighton: ¡Lo es! Es que una de las cosas que más me gustan es cómo Ben escribe y toca la guitarra. Pienso que hay algo muy profético en no saber qué estás haciendo y producir algo que es… asombroso. Es como el pintor que nunca estudió arte y aún con todo crea unos cuadros alucinantes. Para mí es una gran inspiración.

Mia: Genio y figura. Además, la guitarra es uno de los instrumentos más difíciles de aprender…

Creighton: ¡Totalmente de acuerdo! Pero lo mejor no es que toque la guitarra como la toca, sino que encima la usa para escribir temazos, lo cual todavía a estas alturas sigue asombrándome. A veces toca algo y me pregunta: “¿¡Esto qué es!?” y le contesto: “No tienes porqué poner los dedos así”. Así que estamos en aprendizaje continuo para siempre seguir mejorando.

Mia: Si te soy sincera, se me hace rarísimo que habléis de la banda en términos tan modestos y que os refiráis a vuestras dotes musicales como limitadas, cuando sois una de las mejores bandas del momento.

Creighton: Joder, gracias. Sí… no sé. Trabajamos duro. [risas] Trabajamos mucho, no estamos de brazos cruzados.

Mia: Volviendo a “Infinite Arms”, parece que el hilo conductor del disco es un sonido más bien melancólico.

Creighton: Sí, también puede ser triste. Este disco, más que ningún otro, nos brindó una experiencia de aprendizaje brutal en muchos aspectos. Nos han hecho esta pregunta varias veces, y principalmente… sí que teníamos una serie de ideas acerca de cómo queríamos que el disco fuera, pero no nos centramos únicamente en un solo concepto. Como banda, siempre hemos escrito lo que nos viene de forma natural. Hay un antiguo refrán que dice que es más fácil escribir una canción triste que una canción alegre… Pero tuvimos muchos contratiempos, muchos problemas familiares, sobretodo Ben, al esperar su primer hijo, estar casado, estar enamorado… así que todo este tipo de cosas jugaron un papel fundamental en el tono del disco. No se pueden dejar fuera. Así que, ¿melancólico…? Sí. ¿Si lo hicimos adrede? No, simplemente nos salió así. Para nosotros esto es lo más pop que hemos hecho. La gente, está claro, lo reseñó y dijo: “¡Han perdido su garra!”, y es como: “Vale, pues si queréis vamos y sacamos un disco calcadito a todo lo demás”. Pasamos mucho tiempo puliendo “Infinite Arms”, lo cual fue fantástico; no sé si lo vamos a hacer igual en el futuro, pero es lo que el disco requería y fue lo que nos pareció más natural.

Mia: ¿Todos participasteis en la creación y arreglo de los temas?

Creighton: Sí, todos aportamos algo. Bill jugó un papel enorme en los arreglos de casi todos los temas, como conseguir músicos de cuerda. Nuestra idea principal y modus operandi fueron: “Todo vale; si lo podemos conseguir, lo usamos”. Así que las veces que íbamos al estudio, había un tío que trabajaba en una escuela de música en Asheville, Carolina del Norte, dónde grabamos el disco. Le pagábamos cien pavos para que por la noche fuera a robar instrumentos de la escuela y los trajera al estudio, y sólo teníamos 24 horas para usarlos. Así que en algún punto de la grabación todas las canciones tenían timbales, o cualquier otra cosa, porque el chico volvía a las 2 de la mañana para llevarse los instrumentos. Nuestro enfoque fue el de “métele todo lo que puedas y si no nos gusta, ya lo quitaremos”. Si quedara algún corte íntegro de lo que grabamos sería la risa porque los saturamos un montón. Al final no utilizamos la mayor parte de material, pero hacer experimentos fue muy divertido.

Mia: Hombre, si os lo podéis permitir…

Creighton: Claro, claro. Si hay una persona que roba los instrumentos por ti, ¡adelante! [risas]

Mia: ¿Cómo elegís qué canciones son para el disco y cuáles descartáis?

Creighton: Bueno, normalmente esta parte la tienes que decidir con la discográfica y con los jefes. Porque a veces tienes un claro presentimiento del potencial de una canción, y ellos no, y es entonces cuando en cierto modo intervienen. Otras veces, luchamos hasta la muerte por un tema. Pero después te quedan pequeños paquetes de temas inéditos, y te preguntas: “Uuuh, ¿estos dónde los usaré?”

A veces acabas colando una canción en… hubo una canción que escribí con Bill llamada “Life on Earth”, que sale en la banda sonora de Crepúsculo. [risas] ¡Eso les dimos! Yo, encantado. Hasta llevé a mi madre a verla en el cine… Cosas así suelen pasar, pero está bien que un tema que no llegó al disco por el motivo que fuera se le puedan dar un par de retoques y acabe encontrando su camino. Es divertido.

Mia: ¿Así que viste Crepúsculo?

Creighton: Sí, sí. Con mi madre. Sí… [hace una pausa larga, luego se ríe]. Aunque yo me considero más un hombre lobo, pero…

Mia: [risas] Vale, pondré que te gustó.

Creighton: ¡Sí, exactamente! [risas] Soy súper fan de la cultura juvenil.

Mia: No sé hasta qué punto me podrás contestar esta pregunta, pero Ben ha dicho en entrevistas que la mayor parte de sus letras son “bromas privadas y letras mierdosas como siempre”.

Creighton: [risas] Ben no acepta los cumplidos, ¿sabes? Es un tío humilde y no le gusta que le alaben de ninguna forma o en ningún contexto, no se siente muy cómodo con ello. Pero sí que hay muchas bromas privadas en sus letras, y en gran parte se deben a su forma de escribir, que normalmente consiste en aislarse en un lugar remoto e inhóspito. Se pone súper paranoico, se imagina que hay alguien fuera persiguiéndole, y cosas así. Es… su forma de escribir. Simplemente se pone en situación; un poco como Stephen King en “El Resplandor”. Es su forma de inspiración, y la verdad es que funciona. De hecho, muchas veces ni yo sé de qué va una letra hasta un año o así después… entonces me doy cuenta y pienso que es genial o me acuerdo de la situación de la que está hablando. Creo que es divertido para quién escucha (al menos lo es para mí) intentar adivinar el sentido.

Mia: ¿Alguna vez le has preguntado por alguna letra?

Creighton: No, lo intento averiguar por mi mismo, y cuando creo que tengo la respuesta correcta, entonces le pregunto. Y normalmente no acierto. [risas] Pero es divertido.

Mia: Vosotros mismos produjisteis y tenéis todos los derechos de “Infinite Arms”, sin mencionar el hecho de que lo lanzarais a través de vuestro propio sello. Parece que tenéis buen ojo para decidir qué pasos seguir, en el sentido empresarial ¿Dirías que este es el modelo a seguir que el nuevo artista discográfico debería adoptar?

Creighton: Es una pregunta difícil de contestar, porque a primera vista la respuesta debería ser: “Sí, hazlo tú mismo, no dejes que nadie te diga qué tienes que hacer”. Es súper importante poder tener los derechos de tu propio arte, y debería ser el primer paso a tomar a día de hoy. Pero es una cuestión delicada, porque hay muchas cosas con las que la industria todavía te puede ayudar, como es promocionar un disco. También es muy importante saber encontrar a alguien de fiar, porque esta es una industria bastante resbaladiza, ¡como la mayoría de cosas! A pesar de todo sí creo que sería un buen modelo a seguir, pero tampoco es fácil. Resulta mucho trabajo, y no tienes a una discográfica detrás diciéndote: “No te preocupes, nosotros nos encargamos”. Supongo que siempre se trata de leer bien la letra pequeña y decidir qué es lo que te conviene personalmente. Lo que quiero decir es que ojala todo el mundo pudiera sacar un disco adelante por ellos mismo, pero no es sencillo. No sólo porque es caro, sino porque además hay un montón de trabajo extra que tienes que hacer.

Mia: Supongo que al ser dueños de vuestro propio material a la vez que intentar averiguar cómo funcionan los negocios pueden llevaros a dar pasos en falso. Habéis prestado temas vuestros para anuncios, series de televisión y películas, pero también os llovió una avalancha de críticas cuando dejasteis que la cadena de hipermercados Wal-Mart usara una canción vuestra.

Creighton: Sí. Aunque eso lo detuvimos. Fue la primera vez que pensamos “Vale, tenemos que meditar las bien las cosas de antemano”. La banda todavía era muy joven y la canción fue “The Funeral”. Fue una decisión que tomó Ben. Lo hizo legítimamente porque acababa de empezar una familia y obviamente no cayó en las repercusiones que eso tendría. Así que tienes que andarte con muchísimo cuidado y pensar bien a qué producto estás prestando tus canciones. Aprendimos una buena lección, si cabe. Nos sentimos fatal, en plan: “Joder. La gente se ha cabreado. Esto no lo podemos hacer”.

Mia: Bueno, pero tampoco lo veo como algo tan serio. Incluso sabiendo lo que Wal-Mart representa, no dejabais de estar empezando y no es que la industria musical esté en su mejor momento de todas formas…

Creighton: Cierto, es verdad. Sí, también si te lo paras a pensar… la mayoría de gente compra en el puto Wal-Mart porque es súper barato. El tío que nos está criticando probablemente se comprara el CD en Wal-Mart. También ten en cuenta que el sistema radiofónico en Estados Unidos prácticamente se ha ido a tomar por el culo. Y otra cosa interesante que has dicho cuando empezamos la conversación es que grupos como Deerhunter y Animal Collective realmente están yendo más allá, y una forma muy efectiva de que tu música suene es prestarla a filmes y series de televisión, y no necesariamente a las que te gustan. Obviamente, no a las que sermonean un mensaje en el que no crees, lo cual es un gran avance, pero es una buena manera de hacer llegar tu música, especialmente cuando no la ponen en la radio.

Mia: Bueno, mientras no sea una peli de Mel Gibson, supongo que no pasa nada…

Creighton: ¡Me encanta Mel Gibson! ¡Es coña! [risas] ¡El viejo racista! [risas] No, simplemente tienes que hacer un poco los deberes y averiguar si te interesa. Porque muchas veces no sólo es hacer llegar tu música y la exposición que recibes, sino que también ganas dinero si compran una banda sonora dónde sales, ¿sabes? Y el que diga que no se trata de eso, está mintiendo. ¡No deja de ser un trabajo! Es lo que más me gusta hacer en el mundo, pero es un trabajo y aunque no esté de gira durante un tiempo, debo seguir alimentando a mi familia.

Mia: Uno de los gajes de vuestro oficio ha sido llegar a conocer a The Boss.

Creighton: ¡Totalmente! Hemos tenido mucha suerte de poder conocer a tantos de nuestros héroes. Tuvimos la oportunidad de hacer un show con Willie Nelson. Fue la hostia. Nos teníamos que reunir con él en Maui, dónde vive. Así que en cuanto salimos del avión nos fuimos directos a una sala de ensayo diminuta, y estuvimos allí sentados un buen rato esperándole. Cuando llegó en su Mercedes Benz bio-diese, fue en plan: “Jooooder, ¡aquí está!”. Salió del coche, se presentó y luego ensayamos “Mama Don’t Let Your Babies Grow Up to Be Cowboys” con él. Su  mujer, que es también su mánager, vino luego y nos dijo: “Venid a casa luego, chicos. Esta noche jugamos al póker”. Estábamos súper emocionados, pero ninguno de nosotros, excepto Ryan, sabe cómo jugar…

Así durante el camino hacia su casa de la playa intentamos aprender cómo se juega al póker. Mi capacidad de concentración para los juegos de cartas es nula, soy del palo: “¡Mira, un pájaro!”. Así que cuando llegamos allí, estaban Willie Nelson y Woody Harrelson, el actor, y otra pareja que no conocíamos. Estaban jugando manos de quinientos dólares, y nosotros dijimos: “Ni hablar”. Ellos querían que jugáramos, estoy seguro, pero en fin. Una pasada, pero muy surrealista.

Y sí, conocimos a The Boss. Eso sí que fue una locura. Y a Neil Young. También teloneamos para Pearl Jam… hemos sido muy afortunados en la sección de “Conoce a tus héroes”.  Es emocionante. También tranquiliza a tus padres: “Vale. El chaval está haciendo algo de provecho. Ha conocido a The Boss”. [risas]

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