CRÓNICA: Patti Smith emociona en el Palau de la Música

Palau de la Música · 21.02.2011

Con nada menos que sesenta y cinco años, Patti Smith se encuentra pletórica y en plena forma. La icónica cantante y poetisa neoyorkina, que saltó al estrellato más de toda una vida atrás, supo hechizar al Palau de la Música con su encanto paradójicamente juvenil y un talante propio de una performer varias décadas más joven. No sé qué pacto habrá firmado, ni si ha sido con el demonio (quién lo diría, al ser ella tan dulce y afable), pero una cosa está clara: esta mujer menuda y de marco frágil puede seguir llenando escenarios a su antojo hasta cuando le de la gana. O eso esperamos, porque los afortunados asistentes al Palau de la Música el pasado 21 de febrero quedamos encantados con ella, y quién no, es porque era de piedra.

La madrina del punk, una niña grande de pelo largo y holgadamente trenzado encandiló al público empezando con la exquisita versión de “Spanish Boots of Spanish Leather”, originalmente de Bob Dylan, con tropezón inicial incluido del que supo recuperarse con una coquetería simpática, y continuó embelesando a la audiencia, suscitando aullidos y vítores con su “Redondo Beach” del icónico álbum de 1975, “Horses”. Con unas ganas y una facilidad tremenda para meterse al público al bolsillo, Patti Smith sacó a relucir su faceta más poética al recitar directamente de su cuaderno los versos iniciales de “Ghost Dance”, invocando a los ancestros y llamando a la tierra, modulando su voz y llevándola desde el murmullo ronroneante al rugido arrollador. Con sus gritos rabiosos y una manera increíble de llenar el escenario, de ágilmente explorar todos sus ángulos y posibilidades de una forma instintiva, Patti se convirtió en una sombra chinesca, de repente dos siluetas recortadas contra un foco rojo, durante el duelo de guitarras con su inseparable compañero Lenny Kaye en “Beneath the Southern Cross”, que arrancó vítores y aplausos incluso antes de que terminara.

Con un avezado dominio de la escena propio de una leyenda de la talla de esta dama del rock, aun conservando el espíritu rebelde y naïf que la encumbraron hace ya más de treinta años, Patti Smith se ganó una ovación tras otra con sus clásicos de alta intensidad “Birdland”, “Dancing Barefoot” y “Pissing in a River”, y cerró una actuación memorable  arengando a la audiencia con un discurso reivindicativo y sacudiendo los cimientos del Palau de la Música con el clásico sensacional “Because the Night” el cual firma junto a Bruce Springsteen, y el aclamadísimo “People Have The Power”, que por unos minutos surtió el efecto deseado por la soñadora de Patti y nos convirtió a todos en uno, una gran fiesta que cerraría fulgurante una performance con todo el mundo en pie (y a sus pies) rugiendo como si no hubiera un mañana.

Tx: Mia Palau

 Crónica originalmente publicada en el número de marzo 2011 de la revista Popular 1

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