Reseña: “BREAK BREAD WITH THE MONO-BROWS”

8 / 10

Tras dos largos años de producción, por fin se edita el esperado y primer elepé en solitario de Peter “Blackie” Black, otramente conocido por ser el musculoso cabecilla y guitarrista extraodinaire de la formación australiana de punk rock gamberro The Hard-Ons. Lejos quedan los temas punkis pandilleros y el humor irreverente que le dieron a conocer de este “Break Bread With The Mono-brows”, un esfuerzo mucho más íntimo ―aquí no encontrarás sutilezas tipo “Do It With You” (Hacérmelo contigo) o “Surfin’ On My Face” (Haz surf en mi cara)― que cuenta con varios cortes acústicos y armonías soñolientas bastante más cercanas a Sufjan que a Joey.

Si “Break Bread With the Mono-brows” te pilla con la guardia bajada, es muy posible que tengas que escucharlo un par de veces para que te cale en la médula: aquí encontramos a un Blackie mucho más introspectivo que, por primera vez, aparca los acelerados temas de dos acordes sello de la casa para hablarnos de asuntos personales en clave de cantautor, muchas veces de una forma tan críptica que se hace patente que o este disco no va para nosotros o el micro a solas le ha dado vértigo. Sea lo que fuere, una cosa queda clara: nos está contando secretos al oído.

En solitario, Blackie canaliza a su Brian Wilson interior para elaborar una gema de  pop cálido que acorta el trecho entre los Beach Boys y Black Flag, de paso dándonos acceso a  una faceta menos árida que ya se dio a entrever en el pasado con temas como “Jaye’s Song”. “Break Bread…” es una colección de viñetas de una relación fallida y de los escombros que quedan a su paso, un relato fragmentario, desordenado, dónde la pieza de pop confesional “Spanish Movies”, la mecha indieHeaven With Their Stars Above” y la folky “Depression Ditty” son destellos retratando momentos congelados en el tiempo.

 Este disco no puede faltar en las colecciones de los seguidores más acérrimos de Hard-Ons, y aunque puede que no pase a los anales como el mejor disco de la Historia revela un potencial que debe ser explorado. Si bien tiene muchos puntos sobresalientes (buenas canciones, riffs pegadizos, experimentación, arreglos), el único ‘pero’ resultará un obstáculo insalvable para algunos o una peculiaridad entrañable para otros: las dotes vocales de Blackie son irregulares y en ocasiones no parecen estar a la par de la calidad de los temas que ilustran. Aún y así, lo más probable es que os paséis una semana entera canturreando “Look At All Those Pretty Girls”.

 Txt: Mia Palau

Esta reseña se encuentra originalmente publicada en el número de Febrero de la revista Popular 1.

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