CRÓNICA: JESSE MALIN // THE BELLRAYS

Por Enric Rivero Armengol y Mia Palau

Barcelona · Apolo, 14.11.2010

Entrar a la sala, 18 euros. Pasar por el tenderete de las camisetas y discos, 35 euros. Un par de cervezas, 12 euros. Estar en primera fila para contemplar el inolvidable show de Jesse Malin junto a St. Marks Social en La 2 de Apolo no tiene precio. Nos habían avisado los amigos de Bilbao, Valencia y Madrid: Jesse traía un show puramente punk rockero, mucho más cercano a D Generation que a la versión descafeinada de Ryan Adams en que se ha convertido en los últimos años. Venía Todd Youth de guitarra –casi nada- y allá donde Jesse era cabeza de cartel Richard Bacchus le teloneaba… No acudir a verles era un pecado sólo obviable si se estaba a 40 de fiebre y en cama.

Foto: Desi Estévez para Popular 1

 

Afortunadamente estuvimos ahí para vivir una noche en la que casi no importaba que The Bellrays desplegaran su contundente show de punk soul rock n’ roll. Y así pasó, porque Jesse Malin se dejó la piel desde el primer momento, tal como le vimos hacerlo en el concierto mítico de ’98 en la antigua Zeleste. La banda sonó muy cercana a la inolvidable banda de NY, entre los que destacó un Youth que demostró ser de una especie de guitarrista a extinguir.

“Burning the Bowery” fue el tiro de salida y a partir de ahí Malin se encargó de repasar su carrera en solitario, tributar un precioso homenaje a The Replacements con “Bastards Of Young” en un momento difícil de superar en el que bajó del escenario e hizo sentarse al público para hacer lo propio y agradecer nuestra presencia. “All The Way From Moscow” demostró ser digna del legado DGen y “Pay To Cum” de Bad Brains dio paso al final del show en el que Richard Bacchus –tal como nos comentó previamente, en un momento emotivo y entrañable- subió para volvernos a todos locos tocando “Degenerated”. Terrible papeleta para The Bellrays el superar otro show épico a cargo de Malin.

Aun y así, ni siquiera la brutal iniciación a cargo de Jesse Malin pronosticó el temporal de distorsión guitarrera saturada de descargas soul y calambres punk que se avecinaba de mano de los Bellrays. Se apagaron las luces para dar paso a la galvanizante presencia de la formidable Lisa Kekaula con su espectacular afro, botas altas de tacón y un modelito ceñido al cuerpo que quitaba el hipo. La acompañaban el veterano Bob Vennum a la guitarra, el bajista que justo ficharon para su última gira, Justin Andres, y el explosivo Stegan Litrownik descargando su furia adolescente a la batería.

Con el sudor de Malin aún húmedo en el escenario, el de la alucinante vocalista          —Aretha, Brown, e Iggy a partes iguales— empezó a gotear también. Pero es que tener las agallas de presentar su nuevo disco Black Lightning cuando todavía no se está comercializando es sólo comparable a rendirse a un set de una hora y media, sin más pausas que un acorde distorsionado entre canción y canción. Dejándose la piel en cada tema, resucitaron joyas funky y soul de sus primeros trabajos, aunque la tendencia hacia un sonido bastante más crudo y garajero tras la partida del carismático guitarrista Tony Fate quedó patente con temas como “The Way”, “Infection” o “Hell on Earth”.

Más cercana al abandono total y al trance vudú, Lisa Kekaula desgranó temas que evocaban desde el blacksploitation sesentero a la no wave neoyorkina, como “Maniac Blues”, “Power to Burn”, “Living a Lie” o “Sister Disaster”, encarnando la diva sexual unas veces y la maestra de ceremonias rockera en otras, elevando la temperatura de la sala con cada tema mientras Bob Vennum hacía centellear la guitarra a base de punteo luxado, Justin Andres saltaba como endemoniadamente y comandaba a la audiencia hacer lo propio, y Stegan Litrownik aporreaba la batería a la velocidad del rayo.

El público se rindió a los pies de Lisa desde el primer tema, y se fue descontrolando en un éxtasis colectivo hasta llegar al bombazo final con unos  “Black Lightning” y “Voodoo Train” pasados de vueltas, en las que la audiencia perdió completamente el oremus y se entregó con cada estrofa. Una velada que seguro quedará grabada a fuego en la memoria de todos los afortunados asistentes.

Crónica originalmente publicada en el número de Enero 2011 de la revista Popular 1.

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