CRÓNICA: ARCADE FIRE

Texto: Mia Palau

Barcelona · Palau Sant Jordi, 21.11.2010

Consagrados tras tan sólo tres trabajos de estudio y alzándose con su revolución indie en la era de la desintegración discográfica, la trayectoria de los canadienses       Arcade Fire les ha llevado de tocar en iglesias destartaladas a llenar estadios en menos de una década, de la cual se elevan como los absolutos triunfadores. El pasado 21 de noviembre, la muy esperada formación aterrizó a Barcelona para presentar su último trabajo, “The Suburbs”, llenando el Palau Sant Jordi hasta la bandera de un público  ávido de relatos pop sobre la angustia, el hastío y la seguridad suburbana como sólo Arcade Fire sabe plasmar.

Con una elección algo inusual que pareció descolocar a algunos —aunque encajando a la perfección con la idea global de despertar y reaccionar ante la modorra de los suburbios—, los también canadienses Fucked Up arrasaron como una alarma con un atronador set de hardcore punk. El energético vocalista de la banda, Damian Abraham, se mostró incendiario como maestro de ceremonias, lanzándose al público y desgañitándose con cada tema de su último álbum “The Chemistry of Common Life”, pero la audiencia no pareció acabar de conectar con el perfil de esta banda.

Damian Abraham, líder de Fucked Up

Tras una espera algo más larga de lo prevista según el programa, los de Montreal salieron a la escena y no lo hicieron con las manos vacías: Win Butler y los suyos se armaron con todo tipo de instrumentos de percusión, xilófonos, teclados, acordeones y demás para ofrecer el que con razón se vaticinaba como uno de los conciertos del año. El primer tema con el que inauguraron esta velada mágica para muchos fue la perfectamente adictiva “Ready to Start”, desplegando un abanico de pop agridulce y exuberante con raíces preciosistas ancladas entre el indie y el folk sello de la casa del septeto multi-instrumental, y continuaron con la magnífica “Neighborhood # (Laika)” de su álbum debut, el sombrío “Funeral”. Prosiguieron con el himno generacional “No Cars Go”, y la comprometida “Haiti”, sin olvidar “Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)” y “Modern Man”.

Cada tema fue recuperado con calculado perfeccionismo escénico, a la vez que llenado con el espíritu congregacional que hizo del evento algo más cercano a una comunión a cargo  del cautivador Win Butler, líder indiscutible de Arcade Fire, y de su esposa, la hiperactiva Régine Chassagne, alma y corazón de la banda. Sus seguidores se mostraron extasiados con las grandiosas explosiones sónicas que fueron el clásico instantáneo “Rococo” y una magnífica versión extendida de “The Suburbs”. Una paleta de colores pastel y neón mezclada con la profunda temática subyacente de sus tres álbumes, acompañada de unas muy acertadas proyecciones y una puesta en escena sencilla y directa fueron la perfecta combinación de elementos para completar un directo elocuente de estética pop sincera y sin un ápice de ironía.

La oleada humana de fans vibró y se desató la locura con temas como “Crown Of Love”, mientras que “Intervention” y por supuesto el épico coro de “Rebellion  (Lies)” provocaron el éxtasis colectivo, rayando lo místico. No hubo lugar para momentos flojos, y la intensidad emocional de la velada se colmó con el último bis, el apoteósico “Wake Up” que continuó resonando incluso mucho después de apagarse las luces. Una cita obligatoria que sobrepasó todas las expectativas y de qué manera.

Artículo originalmente publicado en el número de Enero 2011 de la revista Popular1.

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