CRÓNICA: JONATHAN RICHMAN

Apolo 25/10/10

El que fuera líder de los Modern Lovers –una panda de proto-punkis precursores del género–, no se casa con nadie, musicalmente hablando. A Jonathan Richman parece que le faltó tiempo para desmarcarse del movimiento punk, para explorar por su cuenta paisajes más garajeros, ritmos latinos, puestas de sol country, sin miedo a pasar del folk anglosajón a la chanson francesa para relatar cuentos de lo terrenal y lo mundano. Treinta años de trayectoria atestiguan y afianzan al músico norteamericano como el cantautor indie por excelencia, pionero y poeta roquero en general.

El concierto que ofreció en la barcelonesa sala Apolo el pasado 25 de Octubre fue una muestra perfecta de la esencia imprevisible y creativa de Mr. Richman, que tras unos problemas técnicos iniciales, se arrancó con un divertido “¿A qué venimos sinó a fracasar?” como primer tema de la velada. Si bien el recinto no se llenó por completo, acabó siendo una sesión más bien íntima en la que los asistentes se mostraron cálidos y fieles, bailando, coreando y riendo cómplicemente con el que escribiera temas como “Roadrunner” y “Pablo Picaso” (que, por cierto, se quedaron en el tintero).

Modestamente acompañado a la batería por su inseparable colega Tommy Larkins, Jonathan Richman se valió de su guitarra, un cencerro, y su políglota sentido del humor para enamorar a la audiencia y ofrecer una maravilla de directo. Espontáneo y sin set-list, los temas se fueron agregando al show tal como le apetecieron, enhebrando la divertida “El Joven Se Estremece”, con  “He Gave Us Wine To Taste It”. Cantó en inglés, francés, español e italiano, espontáneamente dejando su guitarra a mitad de canción  para marcarse un bailoteo, cantar sin micrófono o traducir canciones sobre la marcha con la ayuda del público.

 

Photo: Mia Palau

La velada se fue desplegando con perlas como “When We Refuse To Suffer”, “Que reste-t-it de nos amours?”, “Es como el pan”, “These Bodies That Came To Cavort”, para llegar a una traca final que desembocó en una tremenda “I Was Dancing In A Lesbian Bar”, una escueta versión de la increíble “Egyptian Reggae” (de su etapa con los Modern Lovers) y “My Baby Love Love Loves Me Now”, de su álbum Not So Much To Be Loved As To Love. Aunque  se echaron en falta grandísimos temas como “Ice-Cream Man”, “Important In Your Life”, o “Vampiresa Mujer”, Jonathan Richman supo conectar con el público, que pareció salir del recinto siendo un poco más feliz y un poco más sabio.

 

Crónica originalmente publicada en el número de Noviembre de Popular 1.

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