VAN DYKE PARKS

Entrevista con un veterano soñador

Por Mia Palau

Una de las visitas a esta décima edición de la muestra barcelonesa, el Primavera Sound, ha sido un invitado de lujo: el compositor, músico y actor estadounidense Van Dyke Parks, corazón no sólo de una exuberante colección de temas pulcramente orquestados, tanto propios como en colaboración con grandes artistas, si no también del “SMiLE” de BrianWilson (The Beach Boys). Van Dyke Parks, que ha decidido irse de gira a los 67, ofreció un concierto en el Auditorio del Fòrum con tintes panamericanos en su última visita a la ciudad condal.

Nos reunimos en el lobby del hotel de lujo donde el polifacético músico se hospeda, y nos sentamos para la entrevista. La presencia de Parks es serena, y su pelo cano, bien recortado, junto a sus gafas ovaladas, le dan el aspecto de profesor de filosofía.


De todas las colaboraciones en las que ha participado, una de las más excéntricas fue un recital privado con Albert Einstein. ¿Cómo sucedió?

Pues sí, es verdad. Él vivía en Princeton, dónde yo estudiaba, y una noche, en 1953, me acompañó al violín mientras cantaba un villancico alemán en el porche de su casa. En la primavera siguiente, volvimos a coincidir, esta vez en la estación de tren de Princeton, y le pedí un autógrafo. Einstein iba de camino al hospital, dónde moriría a los dos días, después de entrar en un delirio y hablar en alemán sin que nadie le entendiera.

Han pasado cincuenta años, desde que conociera al entrañable doctor Einstein, pero hay gente que aún no se lo cree. Sin embargo, el año pasado di un concierto en Holanda, y un antiguo compañero se acercó para verme tocar. Le comenté: “La gente piensa que estoy loco cuando les cuento mi anécdota con Einstein”, y me contestó: “Yo estaba allí contigo”. Le dije: “¿Lo recuerdas?”, y él exclamó: “¡Por supuesto! ¿Y te acuerdas que después nos invitó adentro y estuvimos media hora más tocando con él en su cocina?”. ¡Me había olvidado de eso!

Lo que quiero decir con esto es que ahora mismo hay alguien que sabe que lo que te estoy contando es verdad. Y que tengo el ADN de Einstein enmarcado en mi casa. Lo cual no significa que yo sea listo, sino que sé guardar bien un autógrafo.

Ha trabajado con muchos artistas diferentes; desde Frank Black (Pixies), a Joanna Newsom, U2, Scissor Sisters, y, más recientemente, con Clare and the Reasons. ¿Cómo tienen lugar estas colaboraciones?

Bueno, la verdad es que nunca he tenido un manager y no estoy dentro del show business, como cabría esperar. Creo que es algo que da qué pensar; no he tenido una vida profesional, simplemente he hecho música en casa. Sea quien sea con quien trabaje, me esfuerzo mucho, porque no soy un gran músico; soy un buen músico que trabaja muy duro. Y por eso obtengo buenos resultados.

Disfruto mucho intentando sacar una imagen nítida a partir de un simple arreglo. Básicamente, soy un viejo que se dedica a hacer arreglos, ¿está bien, no? Pero no tengo un libro de teléfonos. Recibo una llamada, y si es porque alguien quiere trabajar conmigo y no estoy haciendo nada, pues les digo que sí.

¿Tal cual? ¿Alguna vez comprueba la trayectoria musical del artista antes de aceptar el encargo?

Bueno, si no estoy haciendo nada de nada, sí. No tengo ningún hobby ni juego al golf. Así que si no estoy ocupado y alguien me pide que le logre una imagen definida a partir de un objeto borroso, trabajo en ello. No hay nada que esté por debajo de mí, no estoy por encima de nada.

Creo que uno de los mejores valores de mi trabajo es ir a esos sitos dónde los hombres sabios temen ir. Me gusta ir a lugares dónde nadie se atreve a ir, limpiar el desorden y hacer algo glorioso partiendo de muy poco; desenterrar joyas del fango.

Para mí, trabajar con gente desconocida brinda también esta oportunidad.

¿Hay algún artista en especial con el que le gustaría trabajar o que salga de sus parámetros de trabajo habituales? ¿Qué influencias te guían en tus composiciones actuales?

Es curioso, porque a mí lo que me interesa es el “world beat”, entendiéndolo como un concepto que se refiere la música que todavía no ha sido capturada por la dominación corporativa. A mí no me interesa un chaval rico en el mundo desarrollado quejándose de su coche o de su novia o sus neurosis… no me interesan ni los individuos egocéntricos y ensimismados, ni el narcisismo. Lo que me interesa es, básicamente, la música con raíces auténticas, no adulteradas, que refleje una historia de experiencia.

A veces me siento como si mi pariente más cercano fuera un elefante yendo al cementerio para descubrir el verdadero significado de nuestra historia y traspolarlo a las generaciones venideras para inspirarlas y guiarlas. Eso es lo que me interesa.

Así que cuando me preguntas si hay alguien con quién me gustaría trabajar… bueno, me avergüenza decir que sé nada de música pop. No la escucho, y no me importa un carajo. Si algo ha llegado a las ondas hertzianas, lo más probable es que tenga un kilómetro de longitud y un centímetro de profundidad. No me interesa este tipo de trabajo. Prefiero seguir al desamparado, al hambriento, al no-asimilado.

Con una trayectoria tan extensiva y multidisciplinar como la suya, ¿cómo consigue seguir encontrando la inspiración creativa?

La inspiración creativa para mí reside no tanto en querer ser escuchado, sino en mi deseo de servir y aliviar el sufrimiento de otros —guiarles hacia la felicidad del descubrimiento sirviendo nuestra obligación a la empatía—, que es para mí nuestro talento más precioso. Las buenas vibraciones son necesarias para el mundo… ¡y mírame, aquí me tienes citando a Brian Wilson!

Hablando de Wilson: a lo largo de los años, los críticos se han referido a “SMiLEcomo el Santo Grial de la música pop. ¿Cómo fue trabajar con los Beach Boys en su momento inicial, y cómo fue revisitar después el álbum para su compleción décadas después?

Revisitar “SMiLE” cuarenta años después para terminar las letras fue como montarme en una bicicleta después de muchos años sin andar en ella. Todo depende del equilibrio, pero una vez aprendido, es un talento que nunca se olvida. Terminé las letras en dos días, y me encantó reunirme otra vez en una escapada de ensueño. Fue como si de una isla se tratara, dándome otra vez la bienvenida a territorios familiares.

¿Cuáles son los próximos proyectos en los que está trabajando?

El día 4 de julio de este año voy a ser cabeza de cartel del festival más grande de Europa, Roskilde. ¡Yo, este viejales! (da un tirón suave a una mecha de su pelo blanco). Voy a tener mi propia orquestra, y el tema va a ser Pan América, porque se basa en ritmos, ritmos reales e históricos, bastante que ver con la Diáspora Africana.

Se trata del mundo del Spanglish, con algo de calipso, para cruzar una barrera lingüística que ahora por ahora se encuentra bifurcada. Eso es, porque el español, que no lo sé hablar, pero sí cantar (como para demostrarlo, se entona una estrofa en español), es una lengua aletargada, ya que España ha sido ignorada por su propia Comunidad Europea… Me parece a mí que los españoles ya han sido suficientemente humillados. Todavía les están tratando de perdonar por la Armada, ¡por favor, qué estupidez!

El hecho es que hay un lenguaje latente aquí en España, la langue d’Hoc, que se ha empezado a insinuar alrededor del mundo para reemplazar la complacencia anglosajona, así que ahora mismo, y por primera vez de forma global, hay una búsqueda exponencial de gente hispanohablante.

Así que nada, encontré a una chica de Guatemala, Gabriela Moreno, y la primera vez que la oí cantar parecía James Taylor en un mal día. Le dije: “¿Pero qué haces?”, y me contestó: “¿Qué quieres decir?”; le dije: “¡Esto que cantas es un muermo!”, y me contestó: “¿Qué quieres decir?”. Le dije: “Dónde está el jungle boggie?”, y les canté un fragmento en español. A ella le encantó. Le dije: “¡Sí! Esta canción es de Venezuela, 1953”.

Y así empezamos ha hablar de los clásicos románticos, el retro tradicional. Le pregunté si quería grabar un álbum y me dijo que sí, o sea que ahora estamos trabajando en ello. Es importante siempre tener un objetivo en la mente y mirar al mundo a través del parabrisas, no del retrovisor. Y aquí estoy, mirando a través del parabrisas a los 67 años. ¡Y a lo mejor hasta aprendo algo de español y todo!

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