PRIMAVERA SOUND: SÁBADO 29

El último día del Primavera Sound se erigió ya temprano, a las cinco de la tarde, con la actuación en el Auditorio del legendario arreglista y músico de culto, el polifacético Van Dyke Parks. Precedido por sus nuevos apadrinados, la sobresaliente formación jazzy-pop de Clare and the Reasons, Parks se mostró locuaz y didáctico, regalando perlas de sabiduría entre canción y canción, austeramente acompañadas por un cuarteto de cámara en comparación a las elaboradas y grandilocuentes orquestaciones que caracterizan la estela del  veterano músico estadounidense.

A sus 67 años y por primera vez en Barcelona, el que fuera compañero de correrías de Brian Wilson en los ’60, Van Dyke Parks concedió al público del Auditorio un concierto lleno de exquisiteces melódicas, un viaje en el tiempo que pintó paisajes exóticos de diferentes texturas con pinceladas de calipso, de los Estados Unidos del siglo XIX, a las catástrofes naturales contemporáneas; de las plegarias minimalistas sobre una tarde de lluvia en Los Ángeles, a su compositor romántico favorito, Louis Moreau Gottschalk.

El genio del barroquismo retro-pop se mostró humilde y entrañable, agradeciendo al público barcelonés por su hospitalidad. “Jóvenes modernos”, dijo sin un ápice de ironía “no se puede ser más viejo que yo, pero seguid mi consejo: debéis aferraros a vuestros sueños”, y prosiguió a conmover con un cancionero popular que nos meció entre el neoyorquino Tin Pan Alley y el barrio francés del sureño New Orleans de los años ’40.

 

Van Dyke Parks en el Auditorio del Fòrum

En el escenario principal, entre cantos de sirena griega y apropiadamente vestida con una túnica blanca, se alzó Florence Welsh, de Florence and the Machine, con un directo espectacular y teatral con el que la pelirroja sibila sedujo con su saber hacer y su talento imparables. Injustamente, los que no tuvieron un directo tan espectacular fueron los intachables Built to Spill, que por desgracia se encontraron con bastantes problemas de sonido que rompieron en ritmo del concierto con interrupciones entre canción y canción. A pesar de todo, Doug Martsch supo disimular su enfado, y los abanderados del noise-rock emotivo consiguieron enamorar a propios y extraños, con temas como “Carry the Zero”,  aunque sin rastro de “Liar” o “Car”.  Grizzly Bear brilló con consabida calidad en el escenario comisionado por Ray-Ban, y engancharon al público con una fórmula zigzagueante, mezclando temas de noise guitarrero con juegos vocales.

Florence Welsh (Florence + The Machine). Foto: Mia Palau

Por desgracia, el retraso de media hora perjudicó gravemente al británico Gary Numan, pionero de la electrónica, solapándose directamente con el concierto de Liquid Liquid y alineándose en competencia directa con los Pet Shop Boys, cabeza de cartel del certamen, pulso que el fundador de la New Wave acabó perdiendo. El influyente crooner del pop sintetizado y sombrío enfiló con “Cars” como segundo tema de su repertorio, lo cual no hizo más que exacerbar la hemorragia de un público que se desangraba para ir a ver a Neil Tennant y compañía.

Con gran presencia escénica y de riguroso luto, el providencial Gary Numan se enzarzó entre ritmos plúmbeos de ribetes electrónicos y melodías reiterantes para recuperar temas como “Are ‘Friends’ Electric?”, “Down in the Park” y “The Fall”. Robótico y teatral, Numan no pudo sostener por mucho tiempo el duelo de titanes, con lo que se quedó con tan sólo una fracción del público que inicialmente se había afianzado un sitio para ver a esta figura de culto con más de 30 años de trayectoria a las espaldas.

Los Pet Shop Boys quizás no batieron el récord de asistencia, pero ofrecieron un espectacular montaje escénico —con bailarines, gráficos acorde con las coreografías, cambios de vestuario cada dos por tres, etc.— y lograron montar la mayor fiestaza entre el público, que saltó con cada hit, desde el  “New York City Boy”, al “It’s a Sin”, pasando por algún tema más flojillo, pero desembocando a un colofón final que incluyó “Domino Dancing” y “West End Girls”. Si bien este no fuera el cierre oficial del festival, fue la despedida perfecta de esta última noche, no de verano, sino de Primavera.

 

Neil Tennant y la ciudad de Nueva York. Foto: Mia Palau

Esta crónica se publicó originalmente en el número de junio, 2010 de POPULAR1.

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