PRIMAVERA SOUND: VIERNES 28

En la segunda jornada de la muestra barcelonesa, sorprendió, de entrada, ver a un grupo de la talla de los New Pornographers relegado a una actuación a las seis de la tarde. Sin embargo, la decepcionante ausencia de dos piezas claves de la formación canadiense de rock indie con acentos power pop, Neko Case y Dan Bejar, innegablemente quitó brillo a su directo, que fue más bien descafeinado. A pesar de todo, A.C. Newman y parte del reducido supergrupo consiguieron encandilar a la audiencia con melodías pop y temas clásicos como “Sing Me Spanish Techno” o “My Rights Versus Yours”, aunque respaldándose  más en su último trabajo, “Together”.

A continuación, la británica Scout Niblett cautivó con su set oscuro,  minimalista  y con tintes grunge, canalizando a una PJ Harvey de la época de “Dry”, en el que la cantante acompañó su voz cruda y poderosa con rasgueos de guitarra lánguidamente desnudos, para cantar temas como “Cherry Cheek Bomb”, “Kiss” y “Nevada”. No en vano la protegida del legendario productor Steve Albini, se sentó también a la batería, para llenar de gravilla los cortes provocados por su “Your Beat Kicks Back Like Death” y cargar de aristas desgarradas un enorme “Hot to Death”.

Best Coast, alias de la americana Bethany Cosentino, joven revelación del lo-fi surf-pop con aires sesenteros bubblegum y herridumbre noise, ofreció un directo sencillo pero efectivo —a destacar las joyas “Sun Was High (So Was I)” y “That’s the Way Boys Are”—, no exento de sentido del humor al hacer una cover de “So Bored”, de Wavves, guiño al infame incidente de Wavves en su concierto, el pasado año en el festival.

Cambiando de aires —y de escenario—, los longevos Spoon se mostraron eclécticos, pasando del happy-hardcore al shoegaze, del funky al indie rock con denominación de origen en una muestra consistente de su esencia alternativa de carácter post-punk y reminiscencias pop.

Britt Daniel y compañía repasaron su catálogo haciendo un buen resumen de la trayectoria de la banda, y el público se entregó con cada tema, especialmente con el pegadizo “I Turn My Camera On” y un “You Got Yr. Cherry Bomb” explosivo.

Al caer la noche, nos acercamos a ver cómo las excéntricas hermanas CocoRosie, acompañadas por un beatbox humano, desplegaban para el atestado anfiteatro del Primavera sus melodías difíciles de catalogar, dibujando con opulencia operística paisajes fantasmales de atmósfera brumosa. Es inevitable pensar en Björk, hadas celtas, castillos encantados. Para su performance, el dúo se valió de un piano de cola, arpa y diferentes instrumentos de percusión, rescatando temas antiguos que intercalaron con cortes de su recién estrenado “Grey Oceans”. Los casi subliminales gráficos bombardeados al ritmo de la espectral actuación mostraban recortes de imágenes de Bambi, bebés, parques de atracciones, payasos maléficos, muy acorde con el tono aparentemente lúdico pero de trasfondo oscuro del conjunto, que hipnotizó al público con temas como “Lemonade” y el esquizofrénico “Werewolf”.

Ya a medianoche, pudimos disfrutar de uno de los platos fuertes de este segundo día de Primavera de la mano de los veteranos Wilco, con su rock honesto y de irreprochable calidad. En el escenario principal, y con el público ya ganado de antemano, el carismático Jeff Tweedy lideró a unos Wilco clásicos y madurados en el mejor sentido, que no tuvieron problemas en remendar con estilo los iniciales problemas de sonido (que, valga decirlo, también fueron un clásico de esta edición del festival), haciendo del sensible tema acústico “Jesus Etc.”, el tercero de la sesión, con el que se ganaron a quién faltara por enamorar.

 

Jeff Tweedy, Wilco. Foto: Mia Palau

Imparables con su repertorio de melodías sofisticadas y clásicos modernos, los prolíficos Wilco demostraron una vez más porqué se están erigiendo como la mejor banda norte-americana del momento. Empezaron por un apropiado “Wilco (The Song)”, de su nuevo álbum, que salpicó la hora y media de hits en la que supieron sintetizar su laudeada trayectoria. Los Wilco expusieron su dinamismo a lo largo de un concierto lleno de diferentes texturas, como la sentida perla folkieI Am Trying to Break Your Heart”, pasando por la melódicamente elegante “One Wing”, una contundente “Shot In the Arm” llena de inflexiones y aullidos magullados, y guitarrero con desinencia country, como en “I Am the Man Who Loves You”.

El público coreó y saltó al ritmo de “Handshake Drugs”, y fueron abundantes los momentos en los que la guitarra espástica de Nels Cline dominó la escena por completo. Tan evidente fue la conexión con el público como que se lo estaban pasando de muerte; los de Chicago dieron un conciertazo lleno de energía y saber hacer, aumentando con cada tema la crepitante energía y tensándola al máximo hasta llegar a un climático “Via Chicago” y el abrasivo “Kicking Television”, con el que Tweedy pareció invocar a unos Pixies que pronto llenarían la escena.

Favoritos de culto y encabezando el cartel, Pixies eclipsaron a todas las demás bandas, demostrando con creces su maestría en el noise rock chirriante y demoledor, plagado de melodías suaves intercaladas por explosiones de guitarreo distorsionado y gritos ferales con sello propio.

En el concierto más esperado y con más afluencia del festival, los fans más acérrimos llevaban horas esperando en primera fila, afianzándose un buen sitio, y muchos de ellos aseguraban que sólo habían ido al festival para ver al legendario grupo de Massachusetts.

La manía se desató  cuando, a la 01.15 en punto, Black Francis, Kim Deal, Joey Santiago y Dave Lovering aparecieron en el escenario, provocando una marea de caos humano. En sus marcas, liderados por el mítico Black Francis (y, para qué negarlo, por Kim Deal, espiritualmente), los Pixies abrieron el que de antemano el que se sabía un concierto épico calentando motores con su potentísima cover surf-rock “Cecilia Ann”, de los Surftones. El público, una enorme masa rabiosa y enloquecida, agolpándose al frente del escenario, recibió cada uno de los contundentes temas con fervor sobrepasado, coreando hasta el último desgañito.

 

Frank Black, Pixies. Foto: Mia Palau

El grupo se mostró, si bien potente y eficaz en la ejecución de sus temas, más bien sobrio en su puesta en escena, con un Joey Santiago que se difuminaba en la escena a pesar de sus riffs abrumadores, y un Dave Lovering perennemente a la sombra de los pesos pesados que son Frank y Kim (y no va con segundas). Tampoco dejaron un respiro al público, caldeando más y más el ambiente con temas como “Debaser” o “Bone Machine”, aunque exhibieron una profesionalidad madurada que les hizo sonar quizás menos viscerales de lo que cabría esperar en su directo.

En mi opinión, este fue uno de los mejores momentos del festival, si no el que más, emocionante y grandioso, en el que la banda ofreció un conciertazo repasando temas como el clásico “Wave of Mutilation”; la arrepticia cover a dos voces de Neil Young, “Winterlong”; un escalofriante “Gouge Away”, y alguna inesperada cara-B, como la pegadiza “River Euphrates”. En el bis recogieron las obvias pero indiscutibles “Gigantic”, cantada por una Kim que se mostró pletórica y sonriente durante todo el concierto, y la estremecedora “Where Is My Mind?”, que puso la carne de gallina hasta al más pintado, y marcó el punto y final de un concierto que dejará una huella imborrable en la memoria colectiva de los afortunados asistentes. (vídeo aquí)

 

Esta crónica se publicó originalmente en el número de junio, 2010 de POPULAR1.

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